VIVENCIAS…Y NOSTALGIA. “EL FANTASMA”

No es el relato sobre un personaje sobrenatural. Es un “apodo”, por llamarlo de alguna manera, asignado por un locutor de origen chiapaneco avecindado en Juchitán, de un “autobús” escolar de la Escuela de Enseñanzas Especiales No. 12, hoy Esc. Técnica No. 50, que transportaba, previo pago puntual al entonces director Che Bris, 8, 9 y 10 pesos mensuales, a adolescentes estudiantes de Ixtepec, Ixtaltaltepec y Espinal a finales de los años 40 y todos los comprendidos de los 50 y 60 del siglo pasado.


No había en el Istmo en aquel entonces, más que 2 escuelas de nivel medio, una en Salina Cruz, la ESFI y la ya referida, que funcionó en la actual Casa de la Cultura, que además era una prevocacional del Instituto Politécnico Nacional.
Don Carlos Alfaro, era el “locutor”, cuñado de Mario “negrito” y amigo de Fausto “el fotógrafo” fue quien le asignó ese calificativo al carro Ford, modelo 1946, cuyos iniciales choferes eran Isaías, Gino y otros, con bancas de madera como asientos, con un motor que aparte de su estruendoso ruido que desde lejos se escuchaba, echaba mucho humo carbonizado. El locutor del medio comunicador, “la Voz de Juchitán”, de modulada voz, grave y bien articulada, promovía la venta de frutas, verdura y comida de los mercaderes a la vez que por encargo de alguien, felicitaba por sus cumpleaños al amigo, a la novia, al familiar, etc., con la música de moda y desde luego con los sones regionales: “Juchiteca” “Sandunga”, La Petrona” etc.
Al momento de escuchar el ruidoso traquetear del “autobús” repleto de adolescentes, hacia una pausa, don Carlos, suspendía la música y el perifoneo: Y clamaba: “aguas, aguas, ahí viene el FANTASMA”. El estribillo lo repetía todos los días y a la misma hora de la mañana, hasta acuñarla en la memoria colectiva del alumnado, de forma permanente y quedó como un grato y nostálgico recuerdo, hasta hoy, entre los sobrevivientes de aquella generación estudiantil. Años después, inservible, el FANTASMA lo dejaron arrumbado en uno de los patios del actual Tecnológico del Istmo, donde fue trasladada esa Institución. Su final, quizá alguien lo sabe.

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