Andrés fue un panteonero, un enterrador, de ahí su sobrenombre de Gue’tu’: muerto, difunto. Ndré Gue’tu’, el primero, porque hubo otros posterior, más reciente,
quién levantó y traslado a los que sucumbieron En aquellos días de estragos para Tehuantepec, cuando el cólera, a fines del siglo pasado. En un macabro carretón los trasladaba a la gran fosa común que ex profesamente fue abierta a un costado del panteón “el refugio”, precisamente a un lado del guie bigu, la piedra de tortuga.
A cualquier hora del día o de la noche, el espectáculo dantesco era el mismo cuando el enorme carretón cruzaba la ciudad. Colgaba de él una campana que sonaba en el trayecto, y junto a esta, la luz mortecina de su linterna que lo guiaba en la oscuridad rumbo al panteón, y que complementaba el espectáculo aterrador, dónde Ndré Gue’tu’ era el protagonista principal. Por eso, cuando lo escuchaban venir, corrían pavoridos a esconderse. Esa imagen quedó grabada en la memoria del pueblo: ¡cuidado viene André recogiendo a sus muertos! Y que después, fue frase para amedrentar a los jóvenes para no trasnochar y recogerse temprano. De allí vino la leyenda sobre él. Que solía vérsele después de muerto, descansando sobre aquellas enormes piedras cuidando a sus muertos cuando caía el sol.
