Xadani es un pueblo de agricultores, humilde, arisco y pícaro con un cariño exacto para la tierra.
Pero tiene una doble maravilla: se baña en las aguas del mar y se seca al pie del cerro, como si dijéramos, una diaria meditación hacia las alturas y un eterno otear la inmensidad del espacio. Xadani es mar y cerro, latitud y altura y supongamos profundidad su corazón humilde y arisco.
Cuando nos tiramos sensualmente de bruces sobre su playa húmeda, y comenzamos a jugar con la arena casta, que nos hace cosquillas morenas entre los dedos traviesos y pérfidos, entonces pasa por nuestra mente alguna leyenda, alguna costumbre ò algún cuento extraviados por el tiempo.
Saber de estas leyendas, conocer de estos cuentos y profundizarse en estas costumbres, es obra de los que quieren de verdad a los pueblos.
Pero allí se encuentra Xadani, pueblo de agricultores, pícaro y valiente, destinado a desaparecer, como todo pueblo que tuvo desgracia de no tener quien comprenda y desenvuelva su tragedia para superarla diariamente.
Ta Ba, es de Xadani,; viejo de bigote cano, sentimental e ingenioso; repleto de palabras, incansable trabajador, las ventanas de la nariz se le ensanchan cuando llega por el aire el olor de la tierra húmeda que le recuerda el morral para el maíz, el rustico arado de madera blanca y la yunta amaestrada de tanto ir y venir por el rastrojo del viejo Ba.
–Paraah huayulu buyu – Guyaa yeguya ti huela huini nezacaa.
–Ja que braaxi latuxa, chiquè , cagunaa huinica biyubica miati, yanna latu, nizi riacahuatitu ca guriaca.
Ta Ba, en una añoranza sentimental y bromista, nos llama pollos, en el sentido inexpertos y pocos duchos en cuestiones de amor, pues en épocas que ya pasaron de su vida, cuando su corazón era un nidal de pasiones lozanas y vigorosas alentadas por el calor augusto de la juventud, las mujeres buscaban su hombría y su galantería de gran enamorado, sin andarse por las ramas, perdiendo inútilmente el tiempo por las esquinas.
–Yanna dchi yendadidu shopa guishe niza, ti guni huela tu dchi nisiaba; izari, biabiasipe biaba nisagui lu ca guelaca, ¡bi-ya niza hrì! guca cadi nacabe.
La pizca ha comenzado ya, nos dice Ta Ba, con el cansancio de los bueyes de arado en nuestra lengua zapoteca; la lluvia cayó sobre el maizal en el momento oportuno; y nos enseña los granos de maíz de cada una de las seis redes que pizcó; mientras sus ojos satisfechos brillan con el orgullo majestuoso de un tirano, y todo su rostro con la pátina del diario sudor se arruga al conjuro de una sonrisa diabólica.
La siembra y la pizca son la pasión de las gentes de mi pueblo; en ambas épocas se levantan muy temprano, a desatar los últimos manojos de zacate para la yunta y darles agua luego; a ensebar la humilde carreta de maza, la coyunda y el balsón, mientras a la luz de una linterna vieja, de un candil que da más humo que luz, ò una vela de sebo que hizo Na Chica, la mamá, la hija , la esposa o la hermana, muele en el metate el necesario pozol, la masa para la tortilla de horno, y todo bien envuelto en totomoxtle, luego en la servilleta, se coloca amorosamente dentro del metate.
A la siembra o a la pizca amigos, la carreta, cuida con cariño, va rodando por el camino duro, con golpes acompasados de tambor de fiesta.
Otras gentes han ido allá, no a orientar, sino a perturbar esta vida de mi pueblo, haciéndolo sufrir mientras más sabia es la ignorancia de los que se dicen sus directores.
Ta Ba, gunashi layù, ne guleza ladu.
*Tomado del periódico Neza/órgano Mensual de la Sociedad Nueva de Estudiantes Juchitecos/julio de 1936
