Sucedió una vez que un viento fuerte sopló en San Mateo y del otro lado del mar de aguas tibias y claras llegó un animal fiero como el rayo que calienta y fuerte como la luz que ilumina.
Gran espanto se apoderó de los habitantes pero allende las montañas, cuando el sol se recostaba y el cielo se pintó de rojo, dos hombres jóvenes llegaron a la población ikoojt: “Hemos soñado desde hace tiempo una voz que nos dice que tenemos que ayudar a acabar a un animal que quiere matar a todo el pueblo y por fin hemos llegado” dijeron los hombres a la autoridad máxima de la comunidad que los escuchó con atención.
“Hemos caminado mucho para llegar a San Mateo, cruzamos ríos y montañas, vencimos el sol, el fuego, la lluvia y estamos aquí para ayudarlos”, habló el hombre extraño.
Al mismo tiempo esa voz, también llegó a los oídos del hombre Rayo, el que nació con la fuerza de su nahual una noche fría que fue iluminada como si el sol despertara y lanzara su grito de trueno para que todo el pueblo se enterara. Así que el hombre Rayo supo entonces que el momento de llegar había llegado.
Una serpiente gigante que vivía bajo la tierra y dentro de las cuevas de los cerros había advertido que vendría a destruir al pueblo ikoojt.
Entonces, los viejos del pueblo hablaron con los dos jóvenes visitantes y fue el pueblo entero quien pidió al hombre Rayo acompañar a los guerreros hasta el otro lado del mar para acabar con la amenaza.
Sigilosamente los hombres caminaron, casi en el viento para no cimbrar la tierra y despertar al animal. Entonces se adentraron en el mar con machetes, palos y con las mejores armas que los hombres pueden tener: su valor y su fe.
Al amanecer del día siguiente, el pueblo despertó en penumbras. Aterrorizado el sol no quiso salir y enormes nubes cubrían el cielo.
Relámpagos y rayos cayeron por todas partes, la lluvia no paró y los chillidos de la bestia ensordecían a la angustiada gente.
La tierra fulguraba de pronto y nadie podía ver lo que pasaba afuera, los relámpagos tiraron árboles frondosos y largos cocoteros; murieron animales en la tierra y en el mar, espantoso día fue aquel pero al final el rayo venció a la bestia y la calma volvió a pueblo.
Nunca más se volvió a ver a los valientes hombres, pero ellos y el rayo cumplieron con su sueño y con su destino; ellos protegieron así al pueblo ikoojt de las desgracias y de las tempestades.
Hoy, cuando el cielo se pone rojo al atardecer, las abuelas cuentan las historias del nahual – rayo que trae la protección de los daños y las acechanzas de los animales que vienen “del otro lado” de los cerros.
*Tomado del libro: La riqueza cultural de los mareños
Autor: Gerardo R. Alfaro Cruz
Edición: Primera 2008 Bacaanda
