El foro ecológico y la Casa de la Cultura de Juchitán, sobreviviendo en el orgullo

Los grandes errores resultantes de las acciones de malos gobernantes, destruyen todo, generan pobreza y miseria, y mientras ellos, los poderosos de la política disfrutan de los recursos mal habidos; son muchas las cosas admirables las que sobreviven gracias a la pasión, el sacrificio y el amor de quienes han sabido conservarlas aún dentro de tantas adversidades.

En tiempos pasados, la fama y la distinción de Juchitán, fueron sus fiestas tradicionales y sus bonitas costumbres, eran las caras bonitas que con orgullo se les ofrecía a los visitantes, quienes disfrutaban alegremente con los de casa; sin embargo, como si los años arrastraran en sus pasos una maldición de gran magnitud y cual neblina de mal agüero la convirtiera en lo que es ahora, un lugar desordenada, caótica, insegura, sucia, y sin ley . La realidad imperante, sobre todo, la inseguridad llevó a su mínima expresión todo lo que representaba el orgullo de los juchitecos. En otros tiempos, fueron muchos los corazones que se alegraban cuando escuchaban los comentarios favorables sobre las gratas estancias de quienes regresaban a sus lugares de origen, después de disfrutar de las velas, las bodas, las famosas regadas de las fiestas primaverales, los días de la semana santa, con sus tamales de iguana, sus “regañadas” y su “bupu” , pero, sobre todo, las atenciones y hospitalidad de los juchitecos con los visitantes. Ciertamente, esas cosas sobreviven y se ofrecen, pero los encantos de antes poco a poco se fueron desapareciendo, y los que quedan, día a día van cediéndole el paso a las condiciones que jamás se esperaba que transformarían a la ciudad en lo que es hoy su estado actual; el cual se puede resumir como una verdadera desgracia.

Actualmente, cuando llegan las temporadas de las vacaciones de verano y las decembrinas, los visitantes de otros estados, inclusive de otros países, solo tienen dos opciones para distraerse y aprovechar para tomarse fotografías de recuerdo, es decir, lo que a Juchitán le queda para ofrecer como caras buenas, son: La casa de la cultura y el Foro ecológico, la primera por lo artístico y cultural, y el otro por los esfuerzos que realiza para demostrar la manera de respetar y conservar lo mas sagrado del planeta, la naturaleza en toda su expresión. Durante los recorridos que se hacen para admirar y disfrutar las obras de arte y los paisajes hermosos de un lugar que antes fuera un basurero; no se imaginan las penas y la tristeza que embarga a los que dirigen los destinos de estos agradables lugares por la carencia de recursos económicos. La falta de apoyos financieros por parte de las autoridades en sus distintos niveles, han limitado considerablemente las posibilidades de mejorar las instalaciones y realizar más y mejores programas en beneficio de propios y visitantes. Son muchas las ocasiones en que a pesar de la presencias de personas, se siente en el ambiente una especie de nostalgia, soledad y añoranza en estos ejemplares lugares; esto sin duda alguna es el reflejo de situaciones críticas que han soportado por mucho tiempo. La verdad es que, si no fuera por el amor y la pasión que sienten en sus corazones por estas instalaciones, tanto el director de la casa de la cultura, como el responsable de administrar el foro ecológico, tal vez, Juchitán ya no tendría nada que ofrecer como parte de su orgullo.

Seguramente que Jorge Magariño, Víctor Terán, Irma Pineda, Gonzálo Jiménez, Víctor Cata, Natalia Toledo, Víctor Cháca, Gustavo López, Mario López, Delfino Marcial, Manuel Estudillo y muchos otros artistas más, que mucho amor le tienen a estos lugares, tienen conocimiento de sus dolencias económicas y con certeza que sueñan en que algún día mejoren sus condiciones y se transformen en instalaciones acordes a las necesidades de los tiempos modernos, sobre todo, porque ya son los únicos sobrevivientes que se distinguen como algo que enorgullece.

Los gobernantes que no valoran el arte y la cultura, así como la falta de sentimiento y conciencia plena por la ecología, son dados a despilfarrar dinero del pueblo en actos y obras innecesarias, abandonando a las instituciones a su suerte. Ante tales situaciones, y considerando específicamente los casos de la Casa de la Cultura y el Foro Ecológico Juchiteco, es pertinente que todo el pueblo conozca, las carencias de recursos para mantener dichos lugares, a manera de que se busquen opciones y todas las posibilidades para la obtención de apoyos económicos. Por lo pronto, al ayuntamiento municipal se le debe de exigir la obligación permanente de un subsidio para la Casa de la Cultura y el Foro Ecológico, en lugar de la nómina de cientos de aviadores que durante tantos años han sangrado los recursos del pueblo.

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