“La educación hace del hombre lo menos imperfecto Posible”. Emmanuel Kant.
De los maestros se han escrito y comentado muchas cosas, algunas con buenas intenciones, otras con fines aviesas, pero todas convergen sobre la persona del educador, después de todo, peor hubiera sido si nadie se acordara de ellos, “De a bien o de a mal” cuando alguien se acuerda de nosotros, es porque existimos. Hay muchas cosas de qué hablar en la vida cotidiana: por ejemplo, hablar sobre la situación tan torcida donde se desenvuelve la sociedad desequilibrada y revoltosa, o bien, hablar sobre la tan trillada situación desenfrenada del “Cuarto Jinete del Apocalipsis” que es la “política”, la actual no le llega ni a los talones de aquella política de hace tres décadas o de perdida hacer comentarios sobre el engorroso tema de las confusiones en que nos desenvuelven las diversas “Sectas religiosas” “Cánceres de la sociedad”, en fin, hay mucho de que comentar y recordar, sin embargo, optamos por hablar de la gente, nadie descansa si no habla de la gente, seguramente porque la gente, es mas importante que cualquier otra cosa en la vida “Un vicio patente a nivel nacional”. Pero regresamos sobre el tema de los maestros.
MAESTRO, siete letras encierran esta palabra, pero que grande es en su significado, el maestro, muy a pesar de su nobleza y su calidad humana, la sociedad lo ubica en un sitio “Desconcertado”, los de abajo, no saben valorar tal cual su faceta “altruística” y para la clase alta donde se descuellan los torvos políticos, para ellos, el maestro es un “Ignoto”, se resisten a reconocer la labor productiva del maestro ¡Qué mundo tan disparejo! MAESTRO, tu eres lo que eres, ten el tezón del clavo enmohecido que siendo viejo y oxidado, sigue siendo clavo, eres un “Obrero intelectual” que riegas con tu sabiduría cual si fuera una delicada planta que vislumbra un mañana llena de esperanza y esplendor, el entendimiento sereno y dulcemente dormido en el pensamiento del niño.
Mi querido maestro, no podemos prescindir de los jocosos chascarrillos que la sociedad nos ha endilgado y los comentamos entre nosotros mismos sin la menor intención de ofendernos, por ejemplo: Le dice uno al otro ¡Quiubo! ¿Ya trabajas o sigues de maestro?, otras veces ya no le preguntan al maestro dónde trabaja sino “Dónde cimbra” (entendimiento tásito) en aquellos tiempos, los padres de familia solían repetir “Mi hijo estudiará aunque sea de maestro”; ahora vemos, que el peor enemigo del maestro, siempre será otro maestro (sin menoscabo a las secciones 22 y 59) y por si fuera poco, dicen que los maestros enseñamos a la gente a bloquear carretera, que nos sobran días de vacaciones y que somos los más borrachos. Siempre el maestro lleva encima el estigma de las charadas, si no, no tendría chiste nuestra profesión, lleva siempre en la mente mi estimado mentor: EL MAESTRO Y LA ESCUELA, VIVEN.
