Entre Verdes y Rojos

El año que llovio cenizas. Esto fue en 1902, en ese tiempo la paz que Porfirio Diaz había implantado parecía eterna. Entonces la vida en Juchitan transcurria en sosiego. Los catrines porfirianos acicalaban sus bigotes puntiagudos y se recortaban sus barbas, mientras que la gente del pueblo bailaba al son de la “Sanjuanera”y la “Migueleña”.

En 1910 apareció el cometa Halley y la tranquilidad se acabó porque según nuestros abuelos presagiaba el regreso del colera morbus o una revolución. Y así fue:el 2 de noviembre de 1911 al grito de “Viva Chegome” comenzó la revuelta. El pueblo se divide entre rojos y verdes. La lucha ahora es por el control de la presidencia municipal y jefatura política. En 1912 los verdes se rinden y entregan las armas. Pero la situación en el país se torna grave, porque Victoriano Huerta asesina al presidente Francisco I. Madero y asume la presidencia. Por esta causa Venustiano Carranza lanza el Plan de Guadalupe en el que lo desconoce y convoca a los mexicanos a luchar. Este llamado fue escuchado por los líderes de los rojos y verdes quienes arrastran a los juchitecos a una larga y estéril lucha fuera del Istmo, ahora bajo las órdenes de Carranza, de Villa u Obregón.
Sudor y sangre, dolor y llanto, angustia y desesperacion fue lo que vivieron nuestros padres en los campos de batalla. Muchas veces tenían que abandonar la comida, caminar en la noche, parir en el camino, pero nada importaba con tal de avanzar hacia un enemigo desconocido. En esos lugares se fortalecieron los corazones de nuestras madres ante tanta muerte, ante tanta desolación de ver a los heridos gemir “por los destrozos en los brazos, cabezas, vientres” y de oír “un ¡ay! interminable”.
Cuando todo acabó en 1930, los sobrevivientes volvieron, algunos para morir alcoholizados sin un consuelo; y otros más pores que antes.
Otros más, para seguir incitando al pueblo a luchar por el poder; o como en el caso de na Ana Ruiz, para contar de lo que vieron y el pago que recibieron: Nganga ni biiya’ ca guie bizalua’ dxi yenanda’xheela’ dxi guza lade gui. Bichagana’ya’ laabe napa’ 13 iza. Ma’ gudi’di dxi guca nga , guxana’ xhono ba’du ne nin ti de gaayu’ xti’ gobiernu. Ca xqui’chi’ xheela’ binitiluca’, bidxaca´yude ne gucuaca’ bandaa.
“Eso vieron mis ojos cuando fui soldadera, cuando fui con mi esposo que se enroló en la revolución. Me había casado con él a los 13 años…. ha pasado el tiempo, tuve ocho hijos y ninguna pensión del gobierno. Los papeles del nombramiento de mi esposo se echaron a perder, se llenaron de polvo y fueron cuenta del comején.”

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