La flauta de atole tradición ancestral que pervive en Nabaana

Ta german Piteru

Juchitán, Oax.- Cuando se erigió la primera iglesia en el Istmo los músicos indígenas se presentaron a ofrendar su cántico a los nuevos dioses, los frailes no les permitieron entrar porque había ya la música sacra traída del otro continente. Aún así los músicos prehispánicos no cejaron en su propósito, hasta que se les permitió tocar sus chirimías afuera de la iglesia, ahí se mantuvieron durante mas de quinientos años.

En la cuaresma desde la madrugada hasta las primeras horas del día se escucha en las capillas el sonido de la flauta, reminiscencia de la música sagrada de las binnigula’sa’ relegada de los altares a los atrios de las iglesias.
Las ejecuciones de los sones tradicionales en los atrios en los días de la cuaresma tenían un orden y un repertorio específicos, heredados de maestro a alumnos por generaciones, que hoy perviven dispersos, los viejos piteros como Germán López López heredaron esos sones de sus antecesores como Ninu Be’ñe’ padrastro de Ta German Piteru; también de Sidru Pitu, genial músico que dejó sorprendido a Francisco Toledo que se dice lo llevó a Bellas Artes.
Algunos de esos viejos sones se le adjudican Cenobio López Lena, el músico ciego que Miguel Covarrubias inmortalizó en un dibujo y que aparece en el libro Sur de México, ahí el autor afirma que el son Guchachi Reza es autoría de Ta Cenobio, que la compuso por el sólo divertimento del sonido de las palabras.

Ta german Piteru
Sobreviven otros viejos piteros que acostumbraban tocar en los atrios y en las casas de los mayordomos cuando se hacían “los trajines para la celebración del santo”, como Regino Sánchez Gónzalez, contratado por las sociedades de las capillas para entonar los viejos sones.
El nombre de flauta de atole, puede ser por la bebida que se reparte en la cuaresma que es el atole y la espuma que se obtiene al batir una pasta de ingredientes secretos, pero que también se reparte en las labradas de cera de las mayordomías de las velas, festividad en la que han sido desplazados los músicos y las piezas autóctonas por conjuntos musicales modernos, así como también de las procesiones de entrega de los enseres de los santos a la casa de los mayordomos.
Existe una pieza que se llama así: “Nisiaba’ ne bu’pu’” (atole y espuma) que el compositor Eustaquio Jiménez Girón puso una letra y que ilustra el nombre de los ejecutantes con la bebida tradicional:
Ndinga son caja nisiaaba’
son caja nisiaaba’ bu’pu’
nisiaaba’ ni raca
ra raca xhiiña’ didó’
Este es el son de la caja de atole
son caja de atole y espuma
espuma que se prepara
en los trajines del santo
El repertorio de los sones van desde el son Telayú (madrugada), una de las pocas piezas elaboradas del repertorio de sones para la flauta, con una estructura que empieza con la llamada de atención o el toque de trompeta, otra pieza igual de acabada es Pitu nisiaaba’, que tiene un movimiento lento y un especie de allegro o movimiento rápido, muy representativa de la música ejecutada en los atrios.
La fauna nativa es descrita a través de los sones como el citado Guchachi’ Reza (iguana rajada), Bere lele (Alcaraván), Bigoze Gui’xhi’ (zanate), Bere xhiga (chachalaca), Son be’ñe’ (lagarto), son Beedxe’ (son del tigre), que también tocan las bandas de viento en Tehuantepec; también se menciona el son León, son bigu (tortuga) con un estilo muy propio de la flauta y el tambor a comparación con las bandas de viento que la tocan en una versión mas elaborada.
El repertorio por supuesto no tiene nada que ver con el duelo propio de la cuaresma existen piezas profanas como Xpi’cu’ binnidxaba (perro del diablo o coyote), Gubi binnidxaba guetabadxi (se comió el diablo el tamal), Vieju lu cuxhu (el viejo cara arrugada), Guzegoola (viejo pescador), Lulá (Oaxaca). Algunas tiene que ver con escenas del trajinar de las ceremonias de los santos dedicadas a la guzanas, las cocineras, las ayudantes como “ziyu male guzina” (entró la comadre en la cocina).
Del orden de las piezas y de su momento de ejecución sirve como ejemplo la pieza Nisi riga un barriga (barriga vacía) que se ejecutaba cuando los mayordomos olvidaban la hora del almuerzo de los músicos, estos lo tocaban para recordarlo a los organizadores para que les dieran de comer, en los tiempos cuando los músicos tradicionales eran pieza importante de la festividad y no meros músicos contratados para el caso.
La participación de los músicos de flauta de atole además de esta época de cuaresma son contratados para encabezar la procesión de carretas en las regadas de frutas de las velas, en la dejada de los enseres de la novia a la casa del novio, despedidas de solteros, además de marchas y mítines políticos.
Los instrumentos han cambiado con el paso del tiempo, la flauta de carrizo ahora es cambiada en su mayoría por flautas echas de tubos de plástico, se ha sustituido el tambor de tronco de árbol de doble parche, el redoblante de las bandas de viento, y el caparazón de tortuga ejecutado con cuerno de venado se ha sustituido por una tambora.

piteros juchitan
El repertorio de la música que ejecutan los actuales herederos de la música tradicional zapoteca ha cambiado de acuerdo a la modernidad, los viejos piteros empezaron por adaptar los sones istmeños a la flauta y alguna que otra pieza tropical de moda. Actualmente están relegadas casi todas las piezas tradicionales de su repertorio adaptándose al capricho de las piezas tropicales modernas.
Existe una nueva generación de hábiles piteros que dirigen bandas de viento pero que también ejecutan y transmiten la música tradicional, como los maestros Pepe Morales y Vicente Guerra entre otros, con lo que asegura la supervivencia del cordón con aquellos antepasados que se quedaron en las puertas de las iglesias.

 

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