La arrogancia del Presidente, Porfirio Díaz facilito la exploración y posterior explotación de mármol y el ónix en Magdalena Tequisistlán. El gusto del presidente, por el fino material, era tal, que lo importaba de Italia. El oaxaqueño ignoraba de su existencia en México.
Antonio de Cuba, un geólogo, le dijo: “en la zona del istmo de Tehuantepec, esta tapizado de esta preciosa piedra”. Décadas después, en 1951, Metales del País, empresa gringa, estableció la fabrica de mármol en Tequisistlán. Fue justo en el periodo de la industrialización, que inicio en el gobierno de Manuel Ávila Camacho.
La presencia de inversión extranjera, naturalmente, influyo en la comunidad. La economía dependiente de la agricultura se sustituyo por la Industrial. El obrero fue alineado a reglas patronales y sofisticadas maquinas. Las complejas condiciones de trabajo se compenso con un “atractivo” salario. Los años de bonanza duro veinte años. La extracción de las grandes placas se complicó. Las compañías: Universal Oxford S.A., la U.S. Dixon y Carlos Truyet, ya no les fue redituable.
En 1970, la firma Truyet, la vendió al pueblo. El capital privado finiquito su dominio, en tres millones de pesos. Empezó otro capitulo. El de los comuneros. Pero se puede afirmar que, en tiempos de buena producción mejoro la economía familiar. Las mujeres y los estudiantes se emplearon temporalmente.
Centenares de asalariados distribuidos en tres turnos estimularon la demanda. Los restaurantes y otros servicios se beneficiaron. Para ser sinceros, nadie, en Tequis, escapa de las bondades de la fulgurante ECMOPT.
Unos más, otros menos. En 66 años, la boyante fábrica exportadora, se transformo, en un viejo edificio enlaminado y de maquinarias obsoletas. Una decena de obreros cumple con su jornada, con ellos aun, se procesa el terrazo. Poco mas de medio siglo basto al coloso Industrial en esparcirse en el pueblo que lo vio nacer.
El mármol y principalmente, el ónix luce en casas, capillas, escuelas, canchas, calles, albercas, parques, monumentos, templos, panteones, palacios. Brillante época aquella.
Un saludo desde la llave del istmo.
