EL SOMBRERO DE PANCHO TIN*

Don Pancho Tin fue un individuo que en toda su vida, que fue de 98 años, no usó sino dos sombreros.

 

Cuenta el vulgo que allá, en su mocedad, don Pancho se hizo de un sombrero que no lo dejó sino hasta los 95 años de edad. A tal grado era el uso que tenía el sombrero, que era inconfundible y hasta los nenes de los más apartados rincones del pueblo de Juchitán conocían el sombrero de don Pancho.

Al cumplir sus noventa y cinco años de edad, don Pancho pensó formalmente cambiar de sombrero y claro está, por la inmensa gratitud que él debía a su sombrero viejo, no quería quemarlo; pero tampoco quería seguir viéndolo. Iba por todos los caminos que desembocan en Juchitán a tirar el sombrero y el primer ciudadano, señora, señorita, joven o niño que por allí pasara, levantaba en el acto el sombrero, lo sacudía y decía: ¡pobre de don Pancho, el norte le ha de haber arrebatado su sombrero y como ya está viejito, no le pudo dar alcance! Y en diciendo esto, se iba en busca de la casa de don Pancho para entregarle su sombrero. El viejito, nada tonto, cuando veía que le llevaban el sombrero lo recibía, daba las gracias y afirmaba las conjeturas del que le traía el sombrero, pero no decía nunca que lo había tirado intencionalmente, por modestia o por lo que se quiera.

Un buen día, cansado don Pancho de no poder deshacerse del sombrero se fue por el camino que conduce a Tehuantepec, que es por donde pasan los vallistas.
Efectivamente pasó uno con sus 4 burritos y don Pancho le detuvo para hablarle de esta manera, pero en zapoteco:
-Hijo, llévate este sombrero si para algo te servirá y si no, llévatelo también, y donde te fastidies, tíralo, pero no en la jurisdicción de Juchitán ni de Tehuantepec, que sea si quiera por San Carlos Yautepec.
-Muchas gracias, Tatita, contestó el vallista, que en el acto y como anillo al dedo le cayó el sombrero, se lo puso para guardar el suyo.

En todo el trayecto le fue al vallista; pero al pasar Santa María del Tule, para llegar a Oaxaca, se encontró con un hombre, este acababa de obtener su baja en la cárcel de Oaxaca, donde había estado preso por 7 años.
Apenas el ex preso vio el sombrero, recordó, a pesar de los años que llevaba de estar ausente de Juchitán, que era de don Pancho.
Y como la gente de Juchitán siempre tilda de ratera a la gente extraña, el ex preso rápidamente pensó que el vallista robo el sombrero de don Pancho y renaciendo en él el estigma de su raza, en un santiamén se lanzó sobre el pobre vallista y con dos o tres bofetones le arrebató el sombrero sin dejar de insultarlo, diciéndole: ladrón, sinvergüenza … etc., etc.

A los seis días estaba nuestro hombre en Juchitán, y todo el pueblo llegaba a visitarlo dándole la bienvenida, y nuestro hombre relataba su última hazaña al salir de Oaxaca por lo del sombrero de don Pancho.

Al día siguiente de su llegada, el ex preso salió, dirigiéndose sus pasos a casa de don Pancho, entregándole su sombrero, de lo cual don Pancho, expuso, vivir sumamente agradecido.
No bien húbose despedido el héroe del sombrero, cuando don Pancho se dirigió a la cocina y parándose frente al horno de tortillas que estaba en aquel instante hecho un infierno, dijo:
-Me duele el alma, pero de algún modo he de deshacerme de ti –y lo arrojó a la lumbre.

*Tomado del libro: BINIGUENDA (PENSADOR ZAPOTECA)
Autor: GERMÁN LÓPEZ TRUJILLO
EDITADO POR EL FONDO EDITORIAL IDENTIDADES.

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