1. Según Héctor Urbieta, el Tigre, un 29 de marzo nació su hermano el pintor Jesús, era Domingo de pascua, caluroso por más señas. En el interior de la tejavana ubicada a cuadra y media del centro de Juchitán, sobre la acera norte de la calle Efraín R. Gómez, Elvira Orozco –Vira Chú- dio a luz al último de su prole compuesta por cinco varones y dos mujeres, ella y su marido Felipe Urbieta decidieron ponerle el nombre de Jesús. Felipe era carretero y la esposa comerciante que vendía cacao y plátano venido de las entonces lejanas tierras chiapanecas.
2. El niño Jesús vivió, como muchos juchitecos, en los territorios de la humildad y el afanoso trabajo de sus mayores, quienes se entregaban con denuedo a la tarea de sacar adelante al chiquillerío. Una mañana, jugando con un vecino de nombre Jorge, subieron ambos a lomos de la carreta estacionada en el patio familiar; ahí, encima de redes llenas de mazorca, sin conocer las leyes de la física, se empinaron por la parte más alta del vehículo sin bueyes y el maderaje levantó el timón, cayendo encima de los niños varios de los bultos, dejándolos inconscientes por un buen rato. Salvaron la vida, pero el recuerdo del accidente quedó por mucho tiempo en la memoria de los parientes que, de cuando en cuando, lo retraían en medio de sonoras carcajadas.
3. Un paréntesis de largos años medió entre los amigos. Cuando lo volví a encontrar frente a la tejavana, tal vez con veintidós años a cuestas ambos, me saludó efusivamente, dibujó una ancha sonrisa en el rostro moreno claro y soltó lo que ya caminaba en su espíritu: “¡El arte me llama, Jorge, estoy escribiendo poesía, comienzo a pintar. Esto es lo mío!”. Nos vimos varias veces frente a la misma casa familiar. En cada ocasión me platicaba de sus avances en la pintura, de sus exposiciones, de los reconocimientos que recibía por la calidad de su obra, de las pequeñas envidias despertadas a su paso, de su proyecto para conformar la asociación Guie’ xhuuba’, de su intención –tiempo después realizada- de instituir la entrega de la medalla de oro con el nombre de la propia asociación. La primera emisión de este reconocimiento fue dada al maestro Andrés Henestrosa, en medio de una celebración que culminó con un baile en la Casa de la cultura juchiteca.
4. El poeta tabasqueño Dionicio Morales mostró una vez su respeto hacia los artistas juchitecos, pues “apenas les sobra un peso y ya andan buscando cómo ayudar a los demás”. En ese tenor y con el ánimo de difundir la obra de los paisanos escritores, Jesús publicó una serie de libros con autores como: Rocío González, Macario Matus, Víctor Terán, Andrés Henestrosa, y su antiguo vecino Jorge.
5. Una mañana de no sé qué mes pasó por la casa de mi madre, ahí me encontró hacia el mediodía y nos fuimos a un aguaje hoy desaparecido, llamado Los tulipanes, frente a la tejavana familiar. Contó que Teresa del Conde, a la sazón directora del Museo de Arte Moderno, de la Ciudad de México, le había invitado a exponer en ese importante recinto. Tengo miedo –me dijo. Sé que va a ser una gran exposición, pero también sé de varios pintores que se han perdido, porque no ocurrió nada con esa oportunidad. Por supuesto que le devolví palabras de ánimo, basadas no en mi optimismo, sí en la enorme calidad de su trabajo creativo.
6. Acaso tres meses después de esa conversación, nos volvimos a ver en la misma institución hidráulica. Poco tiempo atrás, había salido una vez más de un internamiento clínico causado por los excesos del alcohol. Le sugerí que los fines de semana saliera de la gran ciudad, que descansara en algún lugar fresco, boscoso, para alejarse de la tentación de los amigos que buscaban su corazón generoso. Hacia las ocho de la noche, dijimos salud con los rescoldos de la fría victoria. Yo no sabía que era la última cerveza que tomaba con mi hermano Jesús. Él no sabía que era su último trago en el Juchitán de sus desvelos.
7. Tres meses después lo visité en un hospital del Seguro Social, en la Ciudad de México. Tenía el tubo digestivo, el estómago, el hígado, estragados por tanta vida consumida en pocos años. Lo miré tendido sobre la blanca sábana, con diversos tubos que querían decirle ¡vive!, con la piel untada sobre los huesos, íngrimo, en silencio, con los ojos cerrados. Ya de vuelta a nuestro Juchitán, un par de semanas más tarde, recibimos el golpe de la noticia funesta, era el 19 de marzo de 1997, un miércoles, por más señas.
8. La gran exposición de Jesús, llamada Testamentos, se inauguró el doce de febrero de mil novecientos noventa y ocho, permaneció ahí durante tres meses dando fe de la extraordinaria calidad alcanzada por el maestro Urbieta.
9. Este 19 de marzo Jesús cumplió 19 de años en su nueva vida. Había nacido en 1959.
