(Sones populares, bailables y cantables)
por: Gilberto Orozco
El istmo es famoso por sus sones populares, entre los que resaltan el Pianito, La Sandunga, los conocidos con los nombres de Llorona, Petrona, Tonalteca, Tortuga, Suspiro, Virginia, Espiñaleña, Juanita, Carbonera, Gorrión, Médiu Xhiiga, etc.
Al indio zapoteco, tenaz en conservar lo suyo, no le fue posible desprenderse de su música primitiva, no obstante que la Conquista, al filtrarse en todas las actividades nativas, llevó la finalidad de acabar con todas ellas para sustituirlas con las europeas. Como consecuencia de esta intención, de la resistencia indígena y de la fusión natural consiguiente resultó una música hispano – zapoteca, que vino a constituir la música istmeña.
Hay dos clases de sones: los grandes y los cortos. Los grandes son los que tienen zapateados con música distinta del tema inicial, que propiamente constituye el son y entre estos pueden ser ejemplos La Sandunga, La Llorona, La Petrona, etc. Los sones cortos son los que no tienen zapateados de música distinta del son, sino que a este mismo se le da un poco más de movimiento y ligereza con un aire musical adecuado para poderlo convertir en zapateado y pueden ser ejemplos de estos sones cortos La Juanita, El Lucero de la Mañana, La Virginia, etc.
Los sones deben tocarse forzosamente con “batería”, que viene a formar el alma de la música istmeña por ser la marca su adorno con golpes periódicos desde el principio y la iniciación del zapateado cuando se dan los cuatro golpes continuos y rítmicos que anuncian la entrada de éste, lo que hace todo son istmeño sea un conjunto de sonidos armónicos y vívidos.
En la música antigua, la precolonial, había siempre un son inicial en toda fiesta, que aún se conserva y servía como una especie de salutación a la concurrencia y al mismo tiempo como una exhortación para atraer más concurrentes. Ese son se llama actualmente el Kyri, del zapoteco Kíríí (¿cuántos están reunidos?). Así mismo, entre los sones populares istmeños de actualidad hay dos de salutación, uno para las fiestas grandes, como las de “Mayo”, las Velas, y otro para las fiestas sencillas, como las matrimoniales y velorios, etc. Por eso que catalogan como fiestas grandes los bailes elegantes de la Velas y para ellas ese son de salutación es el Pianito. Se catalogan como fiestas sencillas, los velorios, familiares y matrimoniales. En estas fiestas el son de saludo es el Jarabe.
Las manifestaciones musicales del zapoteco primitivo viven todavía en los sones populares, en los que siempre se advierte un espíritu de imitación o de descripción. En el son del Torito, por ejemplo, en el primer zapateado, la mujer imita a un torero, valiéndose de un paliacate que lleva en la mano. Al bailar graciosamente hace como que torea la hombre y en el segundo zapateado, se invierten los papeles para que el hombre zapatee imitando al torero y aparentando que la mujer es la que desempeña el papel del toro.
En el son llamado Arriba el Sombrero, el bailador pone su sombrero en la cabeza de la mujer, con un dejo de romanticismo, al iniciarse el primer zapateado y la mujer se lo devuelve en el segundo. En el son denominado el Aguador, el bailador muestra su habilidad conservando sobre su hombro un cantarito lleno de agua, sin detenerlo con las manos, dejando que se sostenga por puro equilibrio. En el son de los Enanos, se pone en juego también la imitación y los que pueden lo bailan en cuclillas.
La Tortuga se baila de distinto modo que la Sandunga, La Llorona y La Petrona. Los sones llamados Gorrión, Juchiteca, Torito, son músicas especiales para jaripeos. El Mediu Xhiiga, son de la moneda, es especial para ser dedicado a la novia en los matrimonios, con el significado ya descrito, que lleva la finalidad de recoger la cooperación pecuniaria destinada a la pareja que se casa. Todo buen bailador istmeño sabe interpretar el zapateado de cada son y con la interpretación lo baila, variando sus pasos conforme el ritmo.
Enrique Haaz, que fue un gran director juchiteco de música popular istmeña dijo:
“Los sones se bailan como se tocan y como se tocan se bailan”. Con esto quería decir que llevan de por medio su sentido artístico de imitación. Los músicos de una banda zapoteca terminan cada son con el último zapateado, en donde todos los instrumentos, guiados por la batería y el pistón, acumulan estridencias especiales para dar carácter al final de todos los sones. Pero nunca ejecutan el son caprichosamente, por decirlo así, como lo hemos solido oír en marimbas o en pianos de artistas que desconocen la región. Los sones tienen su ley. Van alternando sus partes en esta forma: empiezan con el son que es el tema de la música, en donde la batería entra en función.
Siguen con el primer zapateado y al terminar éste vuelve el son con otro zapateado y así sucesivamente hasta terminar con el último zapateado y la estridencia final, “aunque resulte una boruca”(como dijera don Enrique Haaz).
En cada son hay tres zapateados por lo menos y cada zapateado consta de tres partes: la primera es de tres tercios; la segunda es de dos tercios y la tercera es de un tercio, para volver al son.
Los sones populares de la música istmeña se tocan con diferentes estilos en cada pueblo de la región y cada músico de la misma banda va poniendo de su parte sus caprichosos gustos, pero sin salirse del compás ni del ritmo. Por eso, algunos músicos connotados de la capital de la República, han venido al Istmo con deseos de oír y escribir estos sones para piano y tocarlos después como lo hacen nuestras bandas; pero sin tener éxito, quizá por que esta música no es sistemática o porque no permanecen el tiempo necesario par su estudio. Los escriben con tecnicismo, pero al ejecutarlos el son pierde su estilo y ritmo y resulta un vals más o menos lento o movido. Quizá esta dificulta resulte de la aplicación de la batería que debe hacerse con periodicidad permanente y obliga en el son para dirigir al bailador y para marcar la entrada del zapateado, salvo que la batería acompañe aparte al piano. En el arreglo de “La sandunga de la Conesa”, muy conocido y escrito, por cierto, con buen gusto, se advierte una musicalidad muy distinta de la istmeña, porque no produce todo el sabor popular de la región y por eso ningún istmeño puede bailar su Sandunga con esa música.
*Tomado del libro: Tradiciones y leyendas del istmo de Tehuantepec
Autor: Gilberto Orozco
