Los duendes de Chanito


Por: Florentino Enríquez Gamboa

Chanito Rasgado es un pequeño señor que vive en la tercera sección de este pueblo. Él me platico que cuando apenas tenía cinco o seis años hizo amistad con tres o cuatro niños en las montañas.

Esos niños eran pequeños, güeros y muy juguetones. Él jugaba con ellos a las escondidas, iban al río a pescar. Chanito cuenta que los veía más en las noches que durante el día. Cuando él tenía hambre, ellos y él comían frutas, panes, pescado o alimentos que estos niños güeritos llevaban y preparaban a la leña. Chanito y ellos eran grandes amigos. Cuenta Chanito que cuando dejó esas montañas, abandonó también la amistad de esos güeritos.

Chanito bajó de las montañas y aquí vivió y trabajó unos años. Tiempo después, cuando él era adolescente, se fue a hacer desmonte a las grandes montañas del rancho del Campanario.

Ahí construyó una casita para descansar. Vivía solo. Estaba desmontado para sembrar maíz.

Una semana después de estar trabajando en esas montañas, al caer la noche, se dispuso a cenar. Preparaba un café calentito, cuando de pronto observó que cuatro niños güeritos apagaron el ocote que iluminaba su estancia, diciéndole: “Chanito, vamos a jugar; así sin luz esta mejor”. Él respondió: “Pero ¿Quiénes son ustedes? ¿Qué hacen aquí?”. Los pequeños niños respondieron: “Nosotros somos tus amigos, ¿no lo recuerdas? Jugábamos en aquellas montañas, era muy divertido. Andábamos buscándote y mira hasta dónde te hemos encontrado”. Chanito se disponía a comer pues traía mucha hambre. Así que ellos sacaron algunas cosas para comer. Comieron tortillas, pescado, paloma y pan. Esa noche casi no durmieron.

Ellos le dijeron que el siguiente día regresarían para seguir jugando y que no se preocupara por los alimentos, ellos prepararían la cena para todos. Así continuaron las demás noches. Los pequeños niños o duendes lo ayudaron con su trabajo. En esa ocasión, Chanito sembró mucho maíz y cosecho buen fruto, aunque todo fue para el patrón ya que el trabadero no era suyo.

Una de esas noches, en que jugaban, comían y trabajaban, los duendes les dijeron: “Si tú aceptas, te llevamos de una vez a vivir con nosotros”. Pero él, pobre, no aceptó. Chanito no se fue con ellos. En ese tiempo enloqueció un poco, la gente del pueblo lo veían como alguien que decía puras incoherencias, como alguien que decía locuras de duendes, “encantos” y esas cosas.

Chanito ya está viejo. Creo que vive solo allá por la toma, no sé quién le dé de comer o quién lo ayude. Pobre Chanito, siempre dice que anduvo con los duendes.

*Tomado del libro “Los Viejos Hablaron” /Relatos Dominganos sobre Nahuales, Encantos y otros Seres/Editorial “Nadies”/3 de abril de 2018

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