Propuesta para salvaguardar el Istmo de Tehuantepec y la vía interoceánica

 

Ante la amenaza de una intervención Militar estadounidense en 1916.

 

 

Introducción

En la primera semana de marzo de 1916, desde territorio de Chihuahua, una columna de villistas cruzó sigilosamente la frontera con Estados Unidos y atacó en la madrugada del día 9, la población de Columbus, Nuevo México.1

Con esta breve y sorpresiva incursión a territorio norteamericano, Francisco Villa reivindicó una vez más el título de “rayo y azote” que le otorgó el escritor Rafael F. Muñoz y, lo más importante, provocó que la relación diplomática de Washington con el régimen constitucionalista que encabezaba Venustiano Carranza llegara a su punto crítico y que la ruptura diplomática con el inicio de hostilidades militares entre ambas naciones se vieran como algo necesario e inevitable.2

Vino enseguida la famosa expedición punitiva que trajo a varios miles de soldados yaquis a territorio mexicano en busca de Pancho Villa, a cuya cabeza se puso precio. El presidente Carranza, muy consciente de la incómoda situación en que lo había colocado el ataque a Columbus, buscaba maniobrar en el terreno diplomático en tanto ordenaba a sus jefes militares prepararse para resistir una masiva invasión militar norteamericana. Su homólogo estadounidense tampoco estaba en mejor situación, presionado fuertemente por la opinión pública y por el partido republicano para castigar de una vez por todas la insolencia mexicana. 3

En ese contexto de preparación bélica aderezado con un tiroteo posterior a otra población norteamericana y el combate en “El Carrizal”, Chihuahua, que dejo abundantes prisioneros del cuerpo invasor, la declaración de guerra entre ambos países aparecía como cuestión de mera formalidad.

Al sur del país, en el Istmo de Tehuantepec, las actividades del otrora pujante Ferrocarril Nacional de Tehuantepec se mantenían a niveles de operación muy bajos, desde la puesta en operación del Canal de Panamá, en 1914.4

La inactividad asolaba las estaciones terminales de Puerto México y Salina Cruz, aunque en este último punto, los barcos solamente se detenían a cargar combustible en el depósito de petróleo de la compañía “El Águila”, y los trenes que circulaban a lo largo de la franja ístmica transportaban solamente mercaderías regionales y, sobre todo, contingentes militares. Sin embargo, en la región se esperaba que la inactividad fuera temporal, alentados por las dificultades que presentaba la vía panameña.

Pero no todo eran esperanzas, la tranquilidad de la región estaba perturbada por la presencia en las montañas de Tehuantepec de un núcleo militar de filiación soberanista, encabezado por el medico oriundo de El Barrio, Aurelio Hernández, el cual tenía instrucciones precisas para atacar a las guarniciones carrancistas, como en efecto ocurrió en la ciudad de Tehuantepec, el 16 de julio de 1916.5

En ese ambiente de zozobra, el señor Alfonso Ortiz Palma, funcionario del departamento contable del citado Ferrocarril Nacional de Tehuantepec, con residencia en Rincón Antonio, hoy Matías Romero, Oaxaca, preparó un documento relativo a lo que debería hacerse en caso de que los norteamericanos ocuparan el Istmo.

Como en otros documentos de la época, este memorándum que se dirigió a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, incorporaba también una lista de personas simpatizantes del huertismo y felicismo, en este caso funcionarios del ferrocarril, los cuales deberían ser neutralizados o en su defecto, separados del cargo, como proponía en el caso del superintendente de transportes, un señor de apellido Fajardo.

En documentos posteriores del mismo expediente, el gobierno carrancista señaló que no podía hacer nada con los desafectos, pues al ser empleados de la casa Pearson, sólo a esa empresa correspondía realizar los movimientos propuestos, aunque señalaban que información similar, sobre la filiación de los empleados, obraba en la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas.

De ellos, destaca la figura del acaudalado abogado de la compañía, licenciado Manuel Garfias Salinas, vecino de Tehuantepec, amigo de doña Juana C. Romero, y como ella, miembro de la élite tehuana. Por otro lado, desde 1911, Garfias Salinas había manifestado públicamente sus simpatías políticas por Félix Díaz, cuando éste contendió para obtener la gubernatura de Oaxaca.6

Al final “la sangre no llego al río”, no estalló el conflicto bélico y la llamada expedición punitiva abandonó territorio mexicano a principio de 1917, sin que Pancho Villa fuera castigado. Por su parte el presidente Wilson, ya sin la presión mexicana, pudo canalizar su política para entrar en guerra con Alemania; en tanto en México, Carranza declaraba la neutralidad de su régimen a la contienda bélica y, desde Londres, el magnate británico W. Pearson aceptaba vender al gobierno mexicano las acciones del Ferrocarril Nacional de Tehuantepec.

Sin embargo, el contenido del documento es valioso pues revela aspectos de una época convulsa como fue la revolución mexicana y de una percepción sobre el carácter estratégico de la vía interoceánica, que sin duda era compartida por el alto mando carrancista.

El original se localiza en el Archivo General de la Nación (AGN), ramo Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas, exp. 2/279-1

1 José C. Valadés, Historia general de la revolución mexicana, t,5, Gemilka, SEP, México,1985, pp.364-271.

2 Friedrich Katz, La guerra secreta en México, Europa, Estados Unidos y la revolución mexicana, t, 1, Era, México, 1982, p.350.

3 Op.351-353.

4 Francisco José Ruiz Cervantes “Promesas y saldos de un proyecto hecho realidad (1907-1940)”, en Leticia Reina (coor.), Economía contra sociedad. El Istmo de Tehuantepec 1907-1986, Nueva Imagen, México 1994, pp. 91-99.

5 Op. cit., pp. 111-112-

6 Diccionario histórico y biográfico de la revolución mexicana, t. V, Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana, México, 1992, pp. 428.

Documento

Memorándum, que presenta el suscrito, a la consideración del C. Secretario de Estado y del Despacho de Hacienda y Crédito Público, respecto a la especial situación del Ferrocarril Nacional de Tehuantepec, en el caso de una invasión a nuestro territorio, por las tropas americanas.

C. Ministro:

De antemano se que lo que expondré puede estar ya previsto en las altas esferas oficiales, pero considero mi deber poner mi grano de arena.

Me voy a permitir el honor de tratarle de un asunto, relativo a este Ferrocarril, que si bien no es del orden de puesto que ocupo ni corresponde a esta Secretaría, pues es de carácter político-militar, creo patriótico exponerlo a la superior consideración de usted, por ser el más eficaz conducto de que debo valerme, para que llegue a conocimiento del C. Primer Jefe y de los CC. Secretarios de Comunicaciones y Guerra y Marina, quienes, no dudo que acordaran tomar las medidas de previsión que las circunstancias requieren:

Como por la información oficial, que publica la prensa diaria, es inminente la franca ruptura de hostilidades y, por consiguiente, la invasión de nuestro territorio por fuerzas americanas, debido a los recientes acontecimientos de Matamoros y a la hostil actitud del gobierno de Washington, he visto con patriótica satisfacción que en toda la República se están tomando toda clase de medidas precautorias, para que, llegado el caso de la invasión, se pueda hacer la mayor resistencia posible en defensa de la soberanía de la Nación y de la integridad del territorio. Cabe, pues, o mejor dicho, es urgente estudiar la posición del Ferrocarril Nacional de Tehuantepec, desde el punto de vista político, militar y económico.

Mucho se ha dicho que el Istmo de Tehuantepec y su Ferrocarril, llamado en un futuro no muy lejano a tener una importancia mundial, son un venero codiciado por el coloso del norte y que en esta ambición se ha acentuado desde el ultimo fracaso del Canal de Panamá; también se ha asegurado, que en cierto plan militar de la ocupación de nuestro territorio, de que es autor el General Scott, del cual ha hablado la prensa americana partidaria de la expansión territorial, se ha señalado como base de operaciones del ejército invasor, el Istmo de Tehuantepec, pues consideran muy factible la ocupación de los Puertos de Salina Cruz y Puerto México y la línea del Ferrocarril Nacional de Tehuantepec.

Admitiendo esta versión, que la considero muy lógica y muy verosímil, es claro, que el Ferrocarril Nacional de Tehuantepec, es una enorme importancia estratégica y económica que el Gobierno de la Nación está en el caso de considerar muy seriamente y con prontitud que la situación requiere.

Si el Gobierno de la Nación, como el suscrito, admite la verosimilitud de la versión anterior, creo que se impone dictar, con urgencia, medidas precautorias que tiendan asegurar el absoluto control militar del gobierno sobre el Ferrocarril. Como medida precautoria y tratando de no lesionar los intereses de Pearson & Son Ltd; pero que tampoco quede expuesto el gobierno a las eventualidades cuáles son las obstrucciones que en un momento álgido pueden presentar los administradores para que el gobierno no se apodere del material rodante del Ferrocarril, obstrucciones que en un caso de invasión dificultaría o entorpecerían las operaciones militares y tal vez constituirían una ayuda al enemigo, convendría sustituir desde luego, al actual Superintendente de Transportes Sr. F. Fajardo, con un experto ferrocarrilero de la absoluta confianza del gobierno, debidamente autorizado, para que sólo reciba órdenes del Supremo Gobierno, esto es, que no le deba su puesto a la casa Pearson, a fin de que no pueda obrar con absoluta independencia y teniendo en cuenta, más que nada los intereses del Gobierno. Nombrado el Superintendente por parte del gobierno, iría procurando que el material rodante se encontrará todo en condiciones de utilizarse en un momento dado y que se fuera concentrando en el punto que conviniera al plan de campaña concebido por la Secretaría de Guerra y Marina. La sustitución del Superintendente Fajardo, empleado de Pearson, por un empleado ferrocarrilero del gobierno, es una medida prudente, que aconsejan las circunstancias y nunca un atentado contra la casa de Pearson, pues tal sustitución obedecería a las necesidades militares y una medida de esta naturaleza se lleva a cabo en cualquier país del mundo, en caso de guerra extranjera, por más que se respete el derecho ajeno, puesto que los intereses generales que son los de la Nación, están sobre el interés particular. En todo caso, el gobierno podría hacer la sustitución del Superintendente sólo con el carácter de temporal, mientras dure el temor de una invasión o de una declaración de guerra, dejando a la Compañía, al volver a la normalidad, las facultades que le concede el contrato vigente, de nombrar a los empleados que convengan a sus intereses particulares.

Ahora bien, llegado el caso de la invasión del territorio, el gobierno, por fuerza mayor o por obedecer a necesidades militares, debe de ocupar militarmente todo el ferrocarril, en el momento mismo de la declaración de guerra o de la ruptura de hostilidades, para que si hubiere necesidad de desalojar el Istmo pueda sacar todo el material rodante, que es abundantísimo y que sería un eficaz elemento de ayuda, para la movilización de las fuerzas mexicanas en toda la República, hoy que las líneas constitucionalistas seguramente están desprovistas de tan buenos elementos ferroviarios como, los que aquí abundan, debido a que, relativamente, el Istmo no ha sido castigado por la revolución.

A continuación voy a enumerar los motivos en que fundo mis temores de que la actual administración del Ferrocarril Nacional de Tehuantepec, formada por empleados nombrados por la casa Pearson haga labor contraria a los intereses del gobierno en el momento en que estén próximos a alguna zona ocupada por los americanos donde puedan escapar al castigo del gobierno, pues en el desgraciado caso de la guerra con los Estados Unidos, tenemos que esperar muchas traiciones, dado el encarnizamiento de la lucha civil que desde mil novecientos diez ha habido en México.    

1º. La casa Pearson & Son Ltd y, por consiguiente, sus apoderados, entre los que figura a la cabeza el señor Federico Adams, estuvo identificada con la dictadura de Porfirio Díaz y es, por razón de sus intereses, enemiga jurada del gobierno constitucionalista, por más que aparezcan, hipócritamente, como amigos. No hay que esperar que esta casa, como erróneamente piensan algunos, haga gestiones con su gobierno para que ayude a nuestra patria en el caso de un conflicto con Estados Unidos. Al contrario, ellos se entenderán con dicha nación para seguir explotando este Ferrocarril, al amparo de la bandera americana y haciéndolos participes de las utilidades. Tal vez abandonándoles las utilidades que corresponden al gobierno de la Nación.

2º. El ingeniero en jefe de la Compañía, señor Ricardo T. Jordán, es un huertista y porfirista, ingeniero militar, salido de Chapultepec; sirvió muchos años al gobierno de Porfirio Díaz también al de Huerta, e importantes comisiones, fue inspector técnico del gobierno en este Ferrocarril durante dichas administraciones y luego pasó a Mérida en comisión del gobierno de Huerta, en donde cesó al triunfo del constitucionalismo.

3º. El abogado de la Compañía, señor M. Garfias Salinas, de filiación felicista.

4º. El médico del Hospital, doctor A. Nieto y Mena, exfederal.

5º. El señor F. Fajardo, superintendente de transportes, cuya sustitución creo necesaria, trabajo en Ferrocarril Pan-Americano durante el gobierno de Huerta. Se dice que al triunfo del constitucionalista huyó al norte y estuvo al servicio de Villa después de la convención de Aguascalientes, hasta que vencido Villa entro nuevamente a la zona ocupada por el constitucionalismo y fue traído a ocupar dicho puesto por los señores Pearson que desafectos al gobierno actual y, por último, extranjeros, no tenían que fijarse en la filiación política. Este señor Fajardo cuando el ataque a Tehuantepec, por los serranos rebeldes, hace pocos días, teniendo conocimiento de que desde las tres de la mañana combatían rebeldes y constitucionalistas, ordenó que el tren de las dos de la tarde, procedente de Puerto México siguiendo rumbo a Tehuantepec, y a no ser por una orden terminante del Cuartel General en dicha ciudad que hizo regresar al tren de la Estación Lagunas, habría sido expuesto el pasaje a las consecuencias de la lucha, pues los rebeldes se retiraron hasta las seis de la tarde de mismo día y la hora de llegada del tren a Tehuantepec, es de cinco de la tarde.

6º. El agente general de fletes y pasajes, un señor A. Miranda, está acreditado aquí como un reconocido reaccionario.

Podría citarle a usted más nombres, pues hasta en los empleados inferiores hay reaccionarios tales como un exinspector contable de la época de Díaz y un exinspector contable también de aquella época; pero entiendo que con lo enumerado es suficiente para que se forme usted una idea de que aquí han encontrado una franca hospitalidad los que han podido encontrar cabida en los puestos del actual gobierno.

El 19 del actual, en la mañana, me conversó el señor F. Adams, Director Gerente de este ferrocarril, que recibió un telegrama del Jefe de las Armas de Puerto México, en que a la vez que le participaba la ruptura de hostilidades, como un hecho, le prevenía que tuviera listo el material rodante. El señor Adams, me manifestó que él iba a sugerir a las autoridades militares la idea de que el material rodante se llevara a la línea del Ferrocarril Pan-Americano y que allá se le quitaran algunos fierros a las maquinas, diz que para inutilizarlas, que él entendía que allí estaba dicho material más seguro.

En seguida pude penetrar las aviesas intenciones del señor Adams y descubrir, como se nota sin esfuerzo, que proponiendo tal cosa trataba de sorprender l buena fe de las autoridades militares, para poner a salvo el material rodante del Ferrocarril, esto es, para sustraerlo de la acción del gobierno, pues metido dicho material en tal línea quedaría como en una ratonera sin salida, porque los americanos no tendrían más que llegar hasta Santa Lucrecia, Veracruz, desembarcando por Veracruz o Puerto México, para que el gobierno de la nación no pudiera hacer uso de tan importante material, luego, con un posible arreglo entre ingleses (Pearson) y americanos, y ocupados Puerto México y Salina Cruz, se reanudaría el tráfico y los negocios del Ferrocarril al amparo de la bandera americana. Tal vez así ha sido premeditado y esperan pingües negocios, mientras los mexicanos estemos luchando a riesgo de perder nuestra nacionalidad. Si se llegara a consentir que el material rodante se llevara a la línea del Pan-Americano, si incurriría, posiblemente, en un grave error, pues lo azares de la guerra lo expondrían, como antes he dicho, a quedar aislado de las líneas constitucionalistas y sustraído a la acción del gobierno que es lo que ellos pretenden, pues como extranjeros y negociantes sólo les importa su negocio, que es la explotación del Ferrocarril; para ellos nada significa la patria.

Antes de terminar quiero hacerle notar que el señor F. Fajardo, como Superintendente, tiene en sus manos el movimiento de trenes en esta línea por lo que era necesario considerar la importancia de su posición en el caso de que haya que movilizar en este Istmo y que sea necesario, con eficacia, sacar el material de cualquier zona ocupada o amenazada por los americanos.

Al dejar anotado lo anterior, que espero tome usted en consideración, con la urgencia que en el caso requiere, no me guía más interés que servir con lealtad al gobierno, que representa mi patria, pues es mi deber, no ya como empleado, sino como mexicano, dar la voz de alarma; mi silencio, en este caso, sería antipatriótico.

Rincón Antonio, Oaxaca 22 de junio de 1916.

El inspector contable

Alfonso Ortíz Palma.

Nota: Se respetó la ortografía original del documento.

Fuente: Archivo General de la Nación, SCOP-Ferrocarriles, 1916,2/279-1

*Tomado de la Revista “Guchachi Reza”/ Noviembre-Diciembre 1996/ Edición Número 55, pp. 10, 11, 12 y 13.        

                      

            

    

                   

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