Pinopiaa (Xhunashi guie’)

Pinopiaa fue una princesa zapoteca nacida en Zaachila en 1504. Hija de los Reyes Cosijoeza y Coyolicaltzin, su nombre significa “esencia de la virtud”.


Al ser coronado Cosijopíi, como rey de Tehuantepec en enero de 1518, es encomendada por su padre a su hermano, para que cuidara de ella “como un verdadero padre”. Juntos marcharon a Tehuantepec el 26 de enero de ese mismo año. Al llegar a Xalapa (Yúdxi), la princesa se enfermó de fiebre y su estado de salud se agravó más, ocasionándole repentinamente la muerte. Cosijopíi lloró “como un niño” por la pérdida de su querida hermana, compañera de infancia.

“Era ésta una doncella pura, honesta y caritativa hasta la prodigalidad y devota de los dioses. Despreciando matrimonios ventajosos quiso morir virgen antes que faltar a sus votos. Reunidos los señores zapotecas entorno del féretro, lloraron también la muerte prematura de la joven amada del cielo y bienhechora de los hombres. Se disponían a darle honrosa sepultura cuando repentinamente desapareció el cadáver, transformándose con estruendo en una esfera de piedra, primorosamente grabada, que los dioses destinaron para recibir el culto de los suyos. Nueve días guardo su muerte Cosijopíi en Jalapa y marchó posteriormente a Tehuantepec para hacerse cargo de su reino”

La mística muerte de La princesa y de su entrega a los dioses en vida, inspiró a los zapotecas adorarla, colocándola entre las divinidades de aquella nación. Levantaron para honrarla un templo de cantera en la cima del Cerro de Jalapa, con jardines de hermosas flores para el eterno descanso de su alma. Cuidando celosamente aquella esfera que representaba la imagen de Pinopiaa, de cuya transformación daban fe los zapotecas.
Cerca de un siglo, el santuario recibió La Serena paz de las ofrendas y cuidados de los go’pa bido’, hasta que un día, en 1609 un pastor profanó el lugar. Su osadía fue reprendida por el sacerdote quién lo sentenció diciéndole: “no profanéis, muchacho con vuestro contacto impuro ese objeto sagrado, pues es un delito que el Cielo no dejará sin castigo, como ha pasado a muchos, que, sin venerarlo, se han acercado él. Dejadlo, y guardaos de revelar lo que habéis visto si no queréis morir”
El secreto no pudo guardar el profanador. De vuelta a Jalapa, comunicó a los dominicos del convento de aquella idolatría. Y fue Fray Alonso de Espinosa quien aprehendió a los sacerdotes zapotecas, quienes terminaron su vida en un gran tablado, desnudos hasta que con sogas en el cuello, corazas en la cabeza y velas negras en las manos. Las penas impuestas fueron “leves”.

El templo y la esfera que representaban a Pinopiaa fueron destruidos. La santa inquisición no perdonó que ella idolatría y descargo todas sus fuerzas sobre aquellos sacerdotes que jamás conocieron a los dioses de los invasores. Y como vieron los dominicos, de la tenaz devoción de los indígenas por la imagen de Pinopiaa, aplicaron la ley guadalupana e hicieron una nueva transformación de la princesa, convirtiéndola en la Magdalena, patrona de Jalapa a la que, como consecuencia, le tributaron el mismo culto supersticioso, pero sin merecer por esto represión ni castigo alguno.

Tomado del libro: ¡Ay Nana!, ¿Qué pasó? Sucedió en el Istmo de Tehuantepec. 1a. Ed. 2018. Mario Mecott Francisco. Carteles Editores, pp. 37-38.

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