LA VIDA DESPUÉS DE LA MUERTE

A todo el mundo: indígena o no indígena, le queda claro hoy que al morir el hombre (hombre o mujer), su físico (carne y huesos), queda en la tumba, donde es depositado al término de su vida. Cuantas veces se ha tenido que abrir tumbas, se ha descubierto que la carne, los cabellos, desaparecen, pero los huesos, como materia más sólida y perecedera, se conservan, aunque no eternamente, pero sí cientos, si no es que algunos miles de años. Con ello se demuestra entonces que el cuerpo, ahí queda. ¿Qué es entonces lo que hay detrás de la muerte?


Lo más importante que existe después de la muerte es el recuerdo o la idea que se tiene del sujeto o difunto. Su pensamiento, sus luchas, sus alegrías, sus emociones, su esfuerzo. Lo que hizo como hijo, como padre, como hermano, como vecino, como profesionista, en fin. Esa es la vida que queda después de la muerte. La gente, la vida, la historia, juzgan y su fallo es inapelable.

Alguien ha dicho que hombre/mujer es aquel(la) que siembra un árbol, tiene un hijo o escribe un libro. Efectivamente, a través de estas obras se conserva su pensamiento. Otro más añadió que al árbol lo conoceréis por sus frutos, y que no hay malos hijos cuando se tienen buenos padres. El libro, también es un medio por el que se trasciende, aunque no todos los libros son buenos, aquí también habría que agregar algo a su favor cuando se manifiesta “no hay libro por muy malo que sea que no contenga algo bueno”.

El hombre/mujer en la búsqueda de cómo trascender y ser recordado, ha hecho una y mil cosas, cada quien de acuerdo a sus valores y a su idiosincrasia. Se cuenta que en alguna ocasión un científico vivía encerrado en su laboratorio en las afueras de aquella gran ciudad, casi nunca salía ni compartía. Al lado de su laboratorio, había tierras de labor a las que un campesino se dedicaba afanosamente al cultivo de hortalizas. A pesar de trabajar uno al lado del otro no se conocían. Un día al científico se le ocurrió salir a tomar el aire, cosa rara en él, y ahí encontró a su vecino. Al verlo éste lo saludó y le preguntó: ¿Qué hace Usted vecino que casi nunca sale? El científico le respondió: Aquí estoy trabajando día y noche, tratando de descubrir la medicina para curar el cáncer. Con ello quiero ser recordado siempre, con ello, quiero trascender. El campesino no pensó mucho en responder. La respuesta la tenía desde que el científico empezó a hablar: “No hay necesidad de tanto para ser recordado, vecino, si su mujer le quiere, si sus hijos lo aman, si sus vecinos le aprecian, si su perro se alegra cuando llega a casa, ¿para qué aspirar más? Con esto es suficiente”

Finalmente cito el diálogo entre dos sujetos, en que uno preguntaba al otro: ¿Existe vida después de la muerte? A lo que el otro respondió, Sí, sí existe, pero también existe muerte en vida. Es decir, una vida llena de mentiras, de envidias, de egoísmo, de traiciones, de deshonestidad, de sufrimientos, de maldad; no es vida. Esto, para quien lo vive, es peor que la muerte. Nada de esto trasciende. Vivir después de la muerte, es vivir en otro plano, en otra dimensión.

Cuando a Goethe le avisaron de improviso que había muerto su hijo, la noticia lo sorprendió y lo golpeó terriblemente como a todo buen padre. Pero, después de algunos instantes se sobrepuso y respondió: “No. Mi hijo no ha muerto. Realmente mi hijo morirá cuando el último que lo conoció y lo trató haya muerto, ya para entonces Nosotros no seremos ni polvo”

¿Existe vida después de la muerte? “Lo que hay después de la muerte, vida es, no muerte”

GUIDXI GUBIÑA, enero de 2007.

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